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La primera mujer feminista que conocí: mi abuela.

Escrito por Iszeth 12-03-2018 en Feminismo. Comentarios (0)


Cuando era niña, me gustaba escuchar las historias de vida de la mujer que marcó mi línea de pensamiento y me inculcó la igualdad: mi abuela. Hoy, viéndola ya anciana, con su caminar lento, sus ganas de regar su plantas, atender a su perro y cocinarse, se me anuda la garganta y una sensación de admiración por lo que ha vivido me nace.

Originaria de una población llamada “el Salitre”, mi abuela perdió a su padre muy joven. Cuenta que no pasó de tercero de primaria, y apenas sabe leer y escribir, y con la edad, el escribir para ella ya es nulo. Alguna vez me contó que tuvo la oportunidad de ser “maestra”, una profesión que ella admira y cree hermosa, sin embargo, el miedo que tuvo de separarse de sus padres si tomaba la beca para ir a estudiar lejos de casa pudo más que sus ganas de aprender.

Huérfana de padre, con sólo tercero de primaria y con la libertad del campo creció escalando montes, cazando lagartijas y cultivando la tierra que su padre le dejó a su madre. Siendo muy joven se casó por primera vez, y eso de casarse es un eufemismo porque en su pueblo, en los años 30s-40s del siglo pasado, la institución del matrimonio era sólo para personas con dinero.

Aún recuerdo su narración, yo tenía quince años y estaba en la edad en la que según ella, las jóvenes tontas se casaban. Nunca me dijo el nombre del primer hombre con el que se casó, pero si me dijo el por qué se separó de él.

Ellos vivían en una casa pequeña, pero se querían; ambos eran jóvenes, ambos inexpertos y criados en una sociedad que olvidaba mucho más que la de ahora a sus pobres. Con un año de convivencia a cuestas, ella se embarazó, tuvo un hijo y a los tres años de nacido, lo vio morir de fiebre. Con ese acontecimiento su matrimonio se fue a pique, hasta que un mal día, él la golpeó.

Esa fue la última vez que ella lo vio, pues se fue de la casa y huyó a otro pueblo cercano donde conoció a mi abuelo.

Una mujer en los años 30s-40s, criada en un pueblo tradicional donde las mujeres se dedicaban al hogar y los hombres al campo se atrevió a separarse de su esposo que la golpeó por primera vez. Ella, sin una figura varonil que le apoyara en su decisión de separarse, sin pedirle permiso a nadie se separó de alguien tóxico al que alguna vez amó por su propia seguridad y amor propio. Y yo me pregunto, ¿por qué una mujer en sus circunstancias, criada en una sociedad machista, pudo hacerlo sin repercusiones mientras que las mujeres de hoy día que tienen toda la ley de su lado no pueden?

Separada, y sin “valor” (pues recuerden que una mujer no virgen en esa época y en ese tipo de poblaciones no valía nada), se encontró con mi abuelo, un hombre veinte años mayor, criado a la antigua, soltero, educado, lector, cazador y quien creía en la disciplina férrea. Un hombre al que ella le advirtió que el día que él le pusiera una mano encima, ella lo dejaría como dejó al anterior.

Criaron nueve niños, uno de los cuales es mi padre sustituto, pues él me educó como un padre, el mismo que es gay, el mismo que cuida a mi abuela y el mismo que me mostró que las preferencias sexuales no hacen a la persona.

Mi abuela enviudó joven ya que mi abuelo murió a los sesenta años por una enfermedad que en esa época era incurable debido a la nula atención médica en los pueblos. Ella cuidó a sus hijos, nunca volvió a casarse y las tierras que mi abuelo le heredó las trabajó con sus propias manos. Sola, con nueve hijos varones, nunca pidió ayuda al gobierno, nunca necesitó de otro hombre que le ayudara, nunca priorizó su deseo sexual ante su amor materno.

Y hoy, a los noventa años, con los hijos que le quedan, ella es un ejemplo de vida. Ella que luchó sola, que a pesar de estar sin compañía varonil se hizo un renombre en el pueblo, que la aman hombres y mujeres de su generación porque la ven como un modelo a seguir. Ella fue la primera feminista que admiro, la primera que me enseñó que amar a tu hijo gay es natural, que aceptar que no todos son iguales es natural, que las mujeres pueden hacer lo que quieran es normal, que tu destino lo decides sola.

Ella, Alfonsa Benitez Zacatal, es mi ídolo feminista. 


Feminismo al estilo Sueco

Escrito por Iszeth 12-03-2018 en Feminismo. Comentarios (0)

fuente: https://de.gatestoneinstitute.org/11929/feminismus-schweden

"Suecia tiene el primer gobierno feminista del mundo", presume el gobierno sueco en su web oficial. ¿Qué quiere decir eso, exactamente?

Esto significa que la igualdad de género es esencial para las prioridades del Gobierno [...] la perspectiva de género se sitúa en la primera línea de la creación de políticas [...]. La herramienta más importante del Gobierno para implementar las políticas feministas es la integración del género, para lo cual la elaboración de presupuestos con conciencia de género son un componente importante.

Este parche de retórica burocrática va acompañada de una fotografía del actual gobierno sueco, compuesto de doce mujeres y once hombres.

Esto significa que las feministas "interseccionales" deben tener una actitud culturalmente sensible y relativa, y reconocer y privilegiar valores de base cultural distintos a la igualdad entre sexos. Deben ser feministas que entiendan que, aunque ninguna expresión de desprecio hacia la supuesta tiranía de los machos occidentales no será nunca demasiado altisonante, exagerada o vulgar, sí deben moderar su devoción por la igualdad femenina por respeto a las prioridades distintas de esas culturas. En la práctica, esta obligatoriedad de respetar las prioridades distintas de otras culturas es lo más urgente, y el respeto propio se considera una bajeza cuando en la cultura en cuestión la desigualdad femenina se consagra e impone de manera concienzuda.Naturalmente, hay varios tipos de feminismo. El preferido por Suecia no trata de la hermandad femenina universal y llevar la igualdad de sexos a todo el planeta. No: es un feminismo "interseccional". ¿Qué es el feminismo "interseccional"? Es una especie de feminismo que, según el relativamente nuevo concepto académico de "interseccionalidad", acepta una jerarquía conforme a la cual otros "grupos víctima" —como las "personas de color" y los musulmanes— están un peldaño más altos en la escalera de los agravios que las mujeres, por lo cual, las mujeres que pertenecen a dichos grupos poseen un estatus de víctima superior al de las mujeres blancas cristianas o judías.

Esta marca de feminismo, ni que decir tiene, no se limita a Suecia. El año pasado, al día siguiente de la investidura de Donald Trump, pudimos verlo en toda su magnitud en Estados Unidos, en la Marcha de las Mujeres, donde se condenó universalmente al nuevo presidente como la personificación del patriarcado, mientras que Linda Sarsour, una mujer que lleva el hiyab y defiende la ley islámica (la sharia), se convirtió de la noche a la mañana en una heroína feminista.

¿Qué está promoviendo Sarsour? Bajo la ley de la sharia, la mujer debe ser servil y obediente. Su testimonio en el juzgado vale la mitad que el del hombre, porque ella es "deficiente en inteligencia". Las hijas heredarán sólo la mitad que los hijos. Al hombre no sólo se le permite pegar a su mujer, sino que se le anima a ello, si ésta no es lo bastante obediente. El hombre puede tomar esposas "infieles", pero la mujer sólo puede casarse dentro de su misma confesión. El hombre puede tener hasta cuatro mujeres, pero la mujer sólo puede tener un marido. El hombre se puede divorciar de su mujer con sólo pronunciar unas palabras; la mujer, si quiere el divorcio, tiene que someterse a un largo proceso donde a la postre será un grupo de hombres los que juzguen el asunto. El hombre tiene derecho a tener relaciones sexuales con su mujer contra su voluntad y, bajo determinadas circunstancias, también con otras mujeres. Y eso sólo es el principio.

A veces, cuando uno señala estas normas, la gente responde: "Bueno, la Biblia dice cosas muy parecidas". La cuestión no es que todo esto aparezca en las escrituras islámicas, sino que la gente viva conforme a ellas. Además, en la Marcha de las Mujeres del año pasado, Sarsour, una mujer que defiende estos discriminatorios y profundamente antifeministas códigos de conducta, fue aplaudida. Eso es feminismo "interseccional" llevado al punto de la autodestrucción.

Con todo, en ningún país han tenido estos preceptos del feminismo interseccional un apoyo más inequívoco de las élites políticas y culturales, ni han sido más ávidamente interiorizados por los ciudadanos, como en Suecia. Un buen ejemplo: una de las consecuencias del feminismo "interseccional" es la grave renuencia a castigar a los hombres musulmanes por actuar conforme a los dictados morales de su propia cultura; y es precisamente por esa renuencia por lo que Suecia, con su "gobierno feminista", se ha convertido, según algunos observadores, en la "capital de la violación en Occidente". Además, fue la "interseccionalidad" lo que hizo que el año pasado todos los miembros femeninos de la delegación del gobierno sueco en Irán llevaran la cabeza cubierta y se comportaran como si estuviesen en el harén más humilde del planeta. "Con su gesto de sometimiento —observó una web de noticias sueca— no sólo se han burlado de cualquier concepto de 'feminismo', también han apuñalado a sus hermanas iraníes por la espalda".

Un ejemplo más de este feminismo "interseccional" es una mujer sueca de 45 años que trabajó en un hogar colectivo para "menores refugiados sin acompañante". En noviembre de 2016, presumiblemente por su buen corazón, acogió en su casa a Abdul Dostmohamadi, un afgano que había vivido en el hogar colectivo y que tras cumplir los 18 años ya no podía seguir viviendo allí. Al cabo de un mes se convirtieron en amantes; unos meses después, como se supo hace poco, Dostmohamadi abusó sexualmente de su hija de 12 años. Cuando la niña se lo contó a su madre, la madre no hizo nada, y les explicó posteriormente a las autoridades que tenía miedo de que Dostmohamadi pudiese ser deportado.

Cuando la niña se lo contó a su padre, que no vive con ellas, éste lo denunció a la policía. La madre no tenía por qué preocuparse por la deportación: Dostmohamadi recibió una sentencia de tres meses suspendida, se le impuso una pequeña multa, y se le ordenó la prestación de servicios a la comunidad. Ese es el poder del feminismo "interseccional" en el sistema sueco: permite que una madre sueca —y un tribunal sueco— acuerden dar menos prioridad al bienestar de su hija, de la que han abusado sexualmente, que al bienestar del musulmán que la había asaltado.

Terminaré con otro ejemplo de este feminismo "interseccional" de las instituciones en acción: los padres iraquíes de Alicia se la llevaron a Suecia cuando tenía 4 años. Cuando tenía 13, la llevaron de vuelta a su país de origen para casarla con su primo de 23 años. Alicia, ciudadana sueca que volvió sola a Suecia, dio a luz a dos gemelos, que se convirtieron automáticamente en ciudadanos suecos. Después de cuidarlos durante un tiempo, le quitaron a sus hijos, contra su voluntad, para que su marido los criara en Irak. El año pasado, reclamó ante el Tribunal Municipal de Estocolmo la custodia exclusiva. El pasado 9 de enero, el Tribunal Municipal de Estocolmo falló a favor de él, basándose en que los gemelos habían vivido más tiempo con él que con Alicia, que ahora tiene 24 años.

Un tribunal sueco falló contra los derechos parentales de una ciudadana sueca y entregó sus hijos, también ciudadanos suecos, a un extranjero del que se sabe que había violado a su madre cuando era una niña en el contexto del "matrimonio" regido por la sharia. Juno Blom, experta en la violencia "por motivos de honra", es una mujer sueca a la que por lo visto no le llegó la circular sobre feminismo "interseccional". Refiriéndose a la sentencia judicial como una "desgracia", Blom acusó a Suecia de haberle fallado a Alicia durante toda su vida:

Una niña pequeña a la que se llevan de Suecia, la casan, la violan y le arrebatan a sus hijos sin que las autoridades intervengan. Y ahora le han puesto el último clavo en el ataúd negándole la custodia. Seguramente no he visto jamás un caso en el que se hayan cometido tantos errores.

Blom parece no entenderlo. Las autoridades suecas no han cometido ningún "error" en el caso de Alicia. Cada uno de sus actos radica en una filosofía que entienden perfectamente y en la que creen profundamente. Son, como les gusta proclamar, orgullosos feministas de la cabeza a los pies. Ocurre sólo que, por deferencia a los edictos de la "interseccionalidad", su fervorosa creencia en la hermandad femenina termina donde empiezan el brutal patriarcado islámico, la opresión de género sistemática y la primitiva "cultura del honor". Eso es el feminismo al estilo sueco.


Los peligros de la nueva ola feminista.

Escrito por Iszeth 12-03-2018 en Feminismo. Comentarios (0)

Todos hemos escuchado sobre el feminismo, sobre la exaltación que se le da por parte de las seguidoras de este que conforman la tercera ola, lo que no hemos escuchado es su aceptación por la misandría que, felices, propagan con cada palabra que emiten. 

El día 8 de marzo de este año, infinidad de asociaciones feministas promovieron la toma de calles como forma de protesta contra el "machismo" y el "patriarcado", incitando a otras mujeres a "defenderse" de los hombres bajo las consignas de "machete al machote", "mata a tu marido", "si eres hombre y feminista mátate". No quiero caer en detalles sobre lo acontecido en la capital del feminismo radical, o como suelo llamarle, el feminazismo, que es españa, que lo mínimo que hicieron esas mal llamadas mujeres feministas fue evacuar sus desechos orgánicos en tiendas y violentar a otras mujeres que optaron por continuar con su vida productiva como forma de lucha personal. 

A escasos tres días de aquella infructuosa, desastrosa, mal planeada y violenta movilización, una noticia cimbró a España: el crimen cometido por Ana Julia Quezada contra el pequeño Gabriel. 

Si bien, cualquier tipo de violencia es repudiable, el infanticidio con agravante de vínculo familiar es aborrecible, sobre todo cuando esta mujer de origen dominicano se atrevió a declarar días antes sobre su angustia por la desaparición del pequeño. No obstante, grupos feministas ahora la victimizan alegando su situación de mujer y de pertenecer a una minoría racial como lo es el ser de piel negra o morena. 

¿En serio? ¿En serio una victimaria se convierte en víctima simplemente por su sexo y color? ¿En serio creen que un niño muerto no merece justicia? 

Y es que este no es el primer caso en el que el feminismo convierte a la victimaria en víctima, como lo fue el año pasado con Santiago Pastorizzo y su novia, a quien las feministas victimizaron y lejos de ser tratada como una asesina, la promovieron como una heroína. 

Muchos son los casos como estos, donde a la mujer se le perdona todo mal, toda estupidez y todo crimen. El infanticidio cometido por una madre pasa a ser un suicidio colectivo, el asesinato de un hombre a manos de su pareja se convierte en un acto revanchista donde toda la culpa es del hombre, y los juicios de divorcio se transforman en una condena perpetua a despojar a los padres de sus hijos. 

Y mientras las feministas destruyen la verdadera igualdad por la que las mujeres de la historia han luchado, me pregunto, ¿quién nos defenderá de sus leyes apuntando a privilegios? ¿Quién nos salvará de aquellas mujeres que trabajan como bomberos gracias a las cuotas de género? ¿Quén salvará a nuestros hijos de encontrarse con una loca que quiera asesinarlo porque no la ama?